Tennis 128: n.º 123, Michael Stich

Michael Stich [ALE]
Carrera: 1989-1997 (9 temporadas)
Mano: diestro (revés a una mano)
Mejor ranking ATP: número 2 (22 de noviembre de 1993)
Mejor Elo: 2.203 (2.º, 1993)
Títulos individuales de Grand Slam: 1 (Wimbledon 1991)
Títulos individuales ATP: 17

Desde el comienzo de la Era Open, en 1968, hasta que la moqueta empezó a desaparecer de los torneos del circuito a mediados de los 2000, trece jugadores distintos lograron ganar títulos en las cuatro superficies (dura, tierra batida, hierba y moqueta) en una misma temporada. Ocho de ellos lo hicieron al menos dos veces. La lista impresiona tanto como cabría esperar: Björn Borg, Jimmy Connors, Rod Laver, John McEnroe, Ilie Nastase, Ken Rosewall, Pete Sampras… y Michael Stich.

Seis de esos nombres aparecen con frecuencia en los debates sobre el mejor jugador de todos los tiempos. Nastase no suele entrar en esa conversación, pero nadie pone en duda que durante años fue uno de los rivales más peligrosos del circuito. ¿Y Stich? Seamos sinceros: ¿cuántos nombres habrías dicho antes de acordarte de él?

Y no se trata solo de un par de temporadas excepcionales, aunque las campañas de Stich en 1991 y 1993 destacan claramente por encima del resto de su carrera. Es uno de los únicos 13 jugadores que han ganado al menos tres títulos en cada una de las cuatro superficies. Entre sus contemporáneos más directos, solo Sampras y Stefan Edberg consiguieron algo parecido. Boris Becker nunca ganó un torneo en tierra batida. El título de Wimbledon de Andre Agassi en 1992 fue su única victoria sobre hierba. Jim Courier solo ganó un torneo menor en moqueta y alcanzó una única final sobre hierba.

Pese a la variedad de sus resultados, Stich nunca tuvo fama de ser un jugador especialmente completo. Era alto, tenía un saque enorme, se movía lo bastante bien como para jugar saque y volea y era suficientemente seguro en la red como para que esa estrategia funcionara. En los 27 partidos registrados por los voluntarios del Match Charting Project, la duración media de sus peloteos fue de 3,1 golpes, la misma que la de Edberg y Becker y apenas algo mayor que la de John Isner y Reilly Opelka. El 35% de sus saques no volvieron al otro lado, y ganó el 65% de los puntos con su servicio gracias al saque o al golpe siguiente. De los 130 jugadores con al menos 20 partidos en la base de datos del MCP, solo 10 ganaron esos puntos cortos al saque con más frecuencia que Stich.

Ese estilo de juego parecía hecho a medida para la hierba. Su título más emblemático llegó en Wimbledon 1991, donde derrotó de forma consecutiva a Edberg y Becker para conquistar el único Grand Slam de su carrera. Ganó el 78% de sus partidos sobre hierba, el 15.º mejor registro de la Era Open entre los jugadores con al menos 50 encuentros disputados en esa superficie. Entre las grandes figuras de los noventa, solo Sampras, Becker y Edberg están por delante; y si se elimina del balance de Stich un partido intrascendente de Copa Davis, sube hasta el 11.º puesto y supera al propio Edberg.

Pero sería un error recordar a Stich únicamente por sus éxitos sobre hierba. La superficie apenas parecía afectarle: ganaba en todo tipo de pistas, en cualquier escenario, y daba la impresión de que tampoco le importaba demasiado quién estuviera al otro lado de la red.

Cada generación tiene a ese jugador que parece mantenerse un poco al margen, reacio a convertir el tenis en el centro absoluto de su identidad. Michael Stich era ese jugador, y le tocó ocupar ese papel justo en una época en la que el espíritu del momento iba con fuerza en la dirección contraria. Era un adulto de 22 años rodeado de una multitud de prodigios precoces, algunos todavía adolescentes y otros que ya lo habían sido.

Stich era solo 11 meses más joven que Boris Becker y (todavía me cuesta asimilarlo) ocho meses mayor que Steffi Graf. Becker anunció la llegada de una nueva superestrella al conquistar Wimbledon con 17 años, en 1985, y Graf alcanzó el número uno del mundo dos años después, antes de completar el Golden Slam en 1988.

Como era de esperar, la presencia de dos jóvenes superestrellas dejó poco espacio para que otros talentos alemanes recibieran atención. Stich lo resumió así: «La mayoría de los jugadores alemanes, incluido yo, nunca recibimos realmente el reconocimiento que merecíamos.» Con el tiempo acabaría acaparando también su cuota de protagonismo, pero tardó en llegar.

El saque, en vista cenital

Cuando Graf alcanzó el número uno del ranking WTA, Stich apenas llevaba un mes desde su primera victoria en un torneo profesional. Ocupaba el puesto 760 del ranking ATP, empatado con otros jugadores. Su único logro destacable hasta entonces era un campeonato juvenil de Alemania conquistado en 1986, y no se haría profesional hasta 1990, porque decidió terminar antes sus estudios.

La ambivalencia de Stich hacia el tenis no nació del desgaste de competir semana tras semana. Desde el principio sabía que podía vivir sin él. Seis semanas después de ganar Wimbledon en 1991, le dijo a un periodista del New York Times: «El tenis no es más que un capítulo de unos cuantos años en mi vida.» El Times lo bautizó como el «campeón reticente», aunque esa reticencia no es exactamente lo que transmitían sus declaraciones de la época. No quería que el tenis lo definiera, pero sí estaba decidido a aprovechar al máximo el tiempo que pasara en la pista.

Y eso fue exactamente lo que hizo Stich en sus cuatro primeras temporadas como profesional. El primer éxito no tardó en llegar. En febrero de 1990 encadenó seis victorias para conquistar el título de Memphis, eliminando por el camino al tercer cabeza de serie, Andrei Chesnokov. Sin embargo, no fue hasta el final de aquella temporada cuando dejó entrever de verdad lo que estaba por venir. Entre marzo y octubre solo ganó 15 partidos en 18 torneos, antes de alcanzar los cuartos de final en París-Bercy, donde volvió a derrotar a Chesnokov y se impuso también a Brad Gilbert, su primera victoria ante un top ten.

Esos resultados le bastaron para meterse en el top 40, un balance más que respetable para su primera temporada completa. Pero apenas daban una pista de lo que conseguiría solo seis meses después.

Stich comenzó la temporada de 1991 encadenando dos finales consecutivas en Australia, las dos primeras de las siete que disputaría aquel año. Aún le costaba imponerse a los mejores: perdió contra Ivan Lendl en Memphis y cayó dos veces ante Stefan Edberg, en Miami y Tokio. Pero solo sufrió tres derrotas en primera ronda en sus primeros 15 torneos y aprovechó un cuadro muy abierto para alcanzar las semifinales de Roland Garros, donde obligó al posterior campeón, Jim Courier, a jugar cuatro sets.

Y entonces llegó el torneo de su vida, apenas 18 meses después de hacerse profesional. En Wimbledon, Stich superó dos partidos a cinco sets en las primeras rondas, ante Omar Camporese y Alexander Volkov, y después derrotó a Jim Courier en cuartos sin ceder un set. En semifinales no logró romper el saque de Edberg ni una sola vez en los cuatro sets que disputaron, pero en un duelo de grandes sacadores le bastó con imponerse en tres tie-breaks para avanzar por 4-6, 7-6, 7-6 y 7-6.

Su rival en la final era el niño mimado del tenis alemán, Boris Becker. Becker ya había ganado cinco títulos individuales de Grand Slam y disputaba su sexta final de Wimbledon. Pero, como de costumbre, Stich no se dejó intimidar. Antes de salir a pista le dijo a su entrenador, Mark Lewis: «No hay ninguna posibilidad de que pierda este partido.» Ya fuera por la confianza de Stich o simplemente por un mal día, Becker estuvo lejos de su mejor nivel y el desenlace nunca pareció estar realmente en duda. Stich ganó en tres sets, dispuso de 16 bolas de break y convirtió cuatro.

Durante el resto de la temporada, Stich se mostró implacable ante rivales de un segundo escalón y ganó títulos en tierra batida, pista dura y moqueta en Stuttgart, Schenectady y Viena, respectivamente. Pese a haber sorprendido a Edberg y Becker en el All England Club, seguía teniendo problemas contra los mejores: perdió ante Lendl en los cuartos de final del US Open, cayó frente a Andre Agassi en las semifinales de la Copa Davis y no consiguió ganar ningún partido en la liguilla del Masters.

En 1992 llegó un pequeño bajón, el típico de la segunda temporada tras el gran salto. Perdió en cuartos en Australia, cayó en tercera ronda de Roland Garros ante el invitado Henri Leconte y volvió a quedarse en cuartos de un Grand Slam en Wimbledon, esta vez frente a Pete Sampras. En Nueva York, Brad Gilbert lo eliminó en segunda ronda.

Las eliminaciones tempranas hicieron que tuviera pocas oportunidades de medirse a los mejores: fuera de la World Team Cup de mitad de temporada y de la Grand Slam Cup de final de año, solo disputó seis partidos contra jugadores del top ten. La Grand Slam Cup, sin embargo, recordó a los aficionados de lo que era capaz. Ante un público entregado en Múnich, Stich fue encadenando un tie-break tras otro contra Edberg, Sampras y Richard Krajicek, antes de arrollar a Michael Chang en la final.

Celebrando una medalla de oro

Aquella temporada, Stich también firmó sus mejores resultados en dobles. Junto a John McEnroe conquistó el único título de Grand Slam de su carrera en esta modalidad, tras necesitar cinco horas para derrotar a Jim Grabb y Richey Reneberg en una final de Wimbledon que acabó 19-17 en el quinto set. Un mes después, ya sobre tierra batida, formó pareja con Becker para ganar el oro olímpico en Barcelona.

Las biografías más resumidas de Michael Stich se centrarán siempre en su sorprendente título de Wimbledon de 1991 y en la temporada que lo rodeó. Pero en su campaña de 1993 (quizá impulsada por aquella actuación en la Grand Slam Cup) fue, en muchos sentidos, aún mejor.

La temporada de 1993 de Stich nunca será recordada como una de esas campañas históricas porque, por segundo año consecutivo, no logró firmar una gran actuación en los Grand Slams. Tras alcanzar las semifinales en Melbourne, perdió ante Goran Prpic en octavos de Roland Garros, frente a Becker en los cuartos de Wimbledon (donde no convirtió ninguna de sus nueve bolas de break) y contra Henrik Holm en la primera ronda del US Open.

En las otras 44 semanas del año estuvo a un nivel muy superior. En febrero derrotó a Krajicek para conquistar el torneo indoor de Stuttgart. En Hamburgo ganó sobre tierra batida el torneo de su ciudad y, por fin, logró imponerse a Ivan Lendl después de haber perdido sus seis enfrentamientos anteriores. Arrancó la temporada de hierba con el título en Queen’s Club, derrotando por el camino a Becker en dos sets. Y venció cinco veces a Stefan Edberg, una de ellas para proclamarse campeón sobre moqueta en el Swiss Indoors de Basilea.

Stich cerró la temporada con la racha más impresionante de toda su carrera. Terminó invicto el Masters, donde derrotó a Chang, Courier, Andrei Medvedev y Goran Ivanisevic antes de sorprender a Sampras en la final. Dos semanas después, ganó tres puntos para asegurar la Copa Davis para Alemania. Fue el broche perfecto a un año extraordinario en competiciones por equipos nacionales. Stich disputó tanto individuales como dobles en las cuatro eliminatorias de Alemania, terminó invicto en dobles junto a Patrik Kühnen y solo perdió un partido de individuales ya intrascendente ante Petr Korda.

Stich haciendo de las suyas

El alemán mantuvo un nivel similar en 1994, aunque sus resultados no fueron tan espectaculares. Las lesiones empezaron a hacer mella y le obligaron a reducir su calendario, pero su combinación de saque y siguiente golpe le dio seis títulos más entre 1994 y 1996, además de llevarlo a las finales de Roland Garros y el US Open. En 1997 volvió a alcanzar las semifinales de Wimbledon y puso fin a su carrera con una derrota en cinco sets ante Cédric Pioline.

Tal y como había vaticinado en 1991, Stich no prolongó demasiado su carrera. Se retiró antes de cumplir los 29 años y, al parecer, sin arrepentirse de nada.

El juego de ataque unidimensional de Stich hizo posible su brillante carrera, pero también limitó su potencial. Solo en 1995 ganó más del 25 % de los juegos al resto, y su media a lo largo de su carrera (desde 1991, cuando empezaron a recopilarse estas estadísticas) se queda en un modesto 23,4 %. Pete Sampras, el mejor jugador de su época y con un estilo similar, se mantuvo en el 26 % o por encima entre 1992 y 1995, y llegó a superar el 29 %. El resto tampoco era el punto fuerte de Pete, pero sus números al saque eran muy superiores a los de Stich y, aun así, necesitó ganar más de una cuarta parte de los juegos al resto para firmar sus mejores temporadas.

Aun así, el saque del alemán era tan bueno que, en un día inspirado, parecía capaz de mantener su servicio a placer. En el peor de los casos, podía llevar cada set al tie-break, como en la semifinal de Wimbledon de 1991 ante Edberg. Y, a partir de ahí, cualquiera podía ganar. Stich se enfrentó al menos tres veces a 69 rivales distintos en el circuito. Con la única excepción de Andre Agassi, ganó a todos ellos al menos una vez. Se retiró con un balance favorable ante Sampras, Edberg, Courier e Ivanisevic. Derrotó a Becker en cuatro de sus doce enfrentamientos, y aparte de Agassi, el único jugador que lo dominó de verdad fue Ivan Lendl.

Llegó al número del ranking ATP, y mis clasificaciones Elo lo sitúan también en ese puesto. Según el ranking oficial, terminó tres temporadas entre los diez mejores; según Elo, fueron cinco. En cualquier caso, fue una etapa en la élite breve y con picos muy marcados. Es inevitable preguntarse qué habría pasado si la federación alemana hubiese reconocido antes el talento de Stich, o si él mismo hubiese sentido la necesidad de luchar por volver a competir tras su lesión en 1997.

Pero Stich no miró atrás. Tras retirarse, pasó cinco años sin coger una raqueta. Sigue siendo una figura mucho menos conocida que su antiguo rival Becker, pero su lugar en la historia del tenis es indiscutible. Cuando veía a su entrenador preocupado por un rival complicado, le decía que no se inquietara: «Un buen saque liftado al revés, una volea fácil y se acabó». Así de sencillo era, y en un buen día funcionaba contra cualquiera.

Publicado originalmente en Heavy Topspin por Jeff Sackmann: [Leer el artículo en inglés]

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