Tennis 128: n.º 90, Caroline Wozniacki
Caroline Wozniacki [DIN]
Nacimiento: 11 de julio de 1990
Carrera: 2006-2020
Mano: Diestra (revés a dos manos)
Mejor ranking: número 1 (2010)
Mejor Elo: 2.251 (1.ª, 2010)
Títulos individuales de Grand Slam: 1
Títulos individuales totales: 30
En el Open de Australia de 2015, Caroline Wozniacki le dijo a un periodista: «Esto no es un esprint, es una maratón.» Era una actitud saludable para ella: llevaba tres años sin alcanzar los cuartos de final en Melbourne y su puesto en el top ten no estaba ni mucho menos asegurado. Además, sabía de lo que hablaba. Dos meses antes, había completado la maratón de Nueva York en tres horas y 26 minutos.
Aunque la metáfora sea evidente, la maratón sirve para explicar la carrera de Wozniacki a todos los niveles. En un solo partido, podía correr más que cualquiera, incluso durante 2 horas y 49 minutos frente a otra guerrera como Simona Halep, como ocurrió en la final del Open de Australia de 2018. Cuando el cuerpo se lo permitía, jugaba un calendario cargadísimo: superó los 80 partidos por año entre 2009 y 2011, y volvió a disputar 82 en 2017.
Es al mirar su carrera en conjunto cuando la perseverancia de Caro se entiende de verdad. Aquella semifinal del Open de Australia de 2011, en la que no logró convertir bolas de partido, pesó durante años sobre su reputación, y ella lo sintió tanto como cualquiera. Jugó otros 27 Grand Slams antes de quitarse por fin la etiqueta de jugadora «sin Majors.» Entre medias, sufrió 16 eliminaciones en la primera semana y perdió 23 veces contra jugadoras fuera del top ten.
Nadie le habría reprochado una retirada temprana. En 2015 y 2016 tuvo muchos problemas físicos, y antes del US Open de 2018 le diagnosticaron artritis reumatoide. Muchas grandes jugadores de la WTA lo dejan a finales de la veintena, o incluso antes, y lo que Caro había logrado en los primeros años de su carrera ya la había convertido en una de las favoritas del público y en multimillonaria de sobra.
Pero cuando dejó atrás las lesiones a finales de 2016, empezó a parecerse de nuevo a la Wozniacki de siempre. Con un ranking que había caído hasta el número 74, fue reconstruyendo su posición con títulos en Tokio (ante una Naomi Osaka de 18 años, invitada por la organización), y Hong Kong, hasta cerrar la temporada de 2016 dentro del top 20. En 2017 alcanzó ocho finales, defendió su título en Tokio y derrotó a Venus Williams para ganar por primera vez el torneo de final de año.
Cuando por fin conquistó su primer Grand Slam al año siguiente, fue un triunfo de perseverancia, muy propio de una fondista.
De una forma un tanto indirecta, todo mi proyecto Tennis 128 empezó con Caroline Wozniacki. Su carrera resume la dificultad de comparar logros de distinta naturaleza, y en los últimos años he dedicado incontables horas a intentar descifrar cómo hacerlo.
Hice una encuesta en Twitter en enero de 2020, cuando Wozniacki anunció que su retirada era inminente. La pregunta era: ¿qué lugar ocupaba Caro entre las mejores jugadores de la Open Era? Las respuestas fueron de lo más variadas: algunos daban muchísimo peso a sus 71 semanas como número uno, mientras que otros directamente la dejaban fuera de cualquier debate histórico. Mi primer intento de crear una métrica GOAT, el Greatness Quotient, la situaba en el puesto 19 entre las mujeres desde 1977. A medida que he ido afinando la metodología, ha perdido algunas posiciones, pero sigue mereciendo un lugar en la lista por delante de muchas campeonas con varios Grand Slams.
Solo nueve mujeres en la Open Era han ocupado el número uno durante más tiempo. Wozniacki alcanzó la cima del ranking en 2010, con 20 años, y aunque pasó un breve periodo en el segundo puesto a comienzos de 2011, también terminó esa temporada como número uno. Su rendimiento con el ranking más codiciado fue más que digno: firmó un balance de 73-23, ganó cinco títulos y se quedó muy cerca de conquistar el WTA Championships de final de año en 2010.

Caroline en plena carrera, en 2010. Crédito: Charlie Cowins
Pero en casi todos los debate sobre las mejores de la historia, la cifra más importante sigue siendo el número de Grand Slams. Durante la mayor parte de su carrera, Wozniacki estuvo clavada en cero. En los cinco grandes que disputó como primera cabeza de serie, solo estuvo realmente cerca una vez: cuando se quedó a un punto de derrotar a Li Na en las semifinales del Open de Australia de 2011. Ese mismo año, se marchó renqueante de las semifinales del US Open ante Serena Williams. El resto de su etapa como número uno en los Grand Slams se saldó con una eliminación en cuartos, una en octavos y otra en tercera ronda. No era malo, exactamente, pero con jugadoras como Serena o Kim Clijsters sacándola de la pista cuando querían, era razonable que muchos aficionados se preguntaran si la fórmula del ranking estaba acertando.
A la confusión se sumaba que Wozniacki, simplemente, no parecía una número uno. Corría, contragolpeaba, tiraba globos liftados… desgastaba a sus rivales hasta que acababan perdiendo solas. Incluso cuando funcionaba, no siempre era un tenis especialmente vistoso. Y cuando no funcionaba, uno se preguntaba cómo había ganado algo alguna vez.
Más allá de cómo se viera desde fuera, el juego defensivo de Caro daba resultados. Desde luego, podía aguantarle el ritmo a cualquiera. Incluso contra Serena Williams, que la derrotó en 10 de sus 11 enfrentamientos, logró forzar el tercer set cinco veces. En 2010 y 2011 ganó casi el 80% de sus partidos, incluidos 16 de 24 frente a jugadoras del top ten.
Simplemente, en los Grand Slams no funcionaba.
Cuando Wozniacki llegó al número uno, los aficionados ya tenían bastante práctica aceptando la idea de una número uno sin Grand Slams. Jelena Jankovic ocupó la cima durante 18 semanas entre 2008 y 2009, y Dinara Safina la hizo suya durante media temporada en 2009. Ambas eran candidatas verosímiles cuando ascendieron al trono. Jankovic había alcanzado dos semifinales de Grand Slam y llegó a la final del primer grande que disputó después de alcanzar (y perder enseguida) el número uno. Safina venía de jugar la final del Open de Australia de 2009, y volvió a ser finalista, ya como primera cabeza de serie, en Roland Garros.
Jankovic y Safina también parecían números uno, al menos en sus mejores momentos. Jankovic tenía un juego de fondo vistoso y agresivo. Safina, con su 1,85 m, contaba con la potencia suficiente para sacar a sus rivales de la pista. Ninguna de las dos llegó a ganar un grande, pero ambas tenían, sin duda, las armas para hacerlo.
Caro era distinta. Había alcanzado la final del US Open de 2009, donde perdió ante Clijsters, pero cuando le arrebató el número uno a Serena, sus cuatro últimas actuaciones en Grand Slam se resumían en una semifinal, unos cuartos de final y dos eliminaciones en octavos. Se despidió de Wimbledon con un 6-2, 6-0 contundente a manos de Petra Kvitová, y solo una de las jugadoras que le derrotaron en esta etapa (la número 8, Vera Zvonareva), estaba dentro del top 16.

Wozniacki, durante el Open de Australia de 2011. Crédito: Christopher Johnson.
El escepticismo era comprensible, sobre todo porque Wozniacki solo mejoró de forma moderada sus resultados en Grand Slam durante su etapa como número uno. Los críticos no se cortaban a la hora de diseccionar su estilo de juego. Cuando recuperó el primer puesto en febrero de 2011 con una victoria contundente ante Svetlana Kuznetsova en Dubái, 6-1 y 6-3, Caro ya tenía preparada la respuesta:
Bueno, si yo no tengo un arma, entonces, ¿qué tienen las demás? Si soy la número uno, algo estaré haciendo bien. Creo que en realidad no me están criticando a mí. Creo que las demás jugadoras deberían sentirse ofendidas.
Es cierto que mucha gente no atacaba a Wozniacki en sí, aunque también hubo quien lo hizo. El blanco habitual era el propio sistema de ranking. Premiaba a las jugadoras que se dejaban la piel semana tras semana, ganando torneos menores y firmando resultados dignos en los Grand Slams. Con otro sistema, uno que diera más peso a las actuaciones en los grandes, Serena habría seguido en lo más alto pese a jugar un calendario mucho más reducido.
Aun así, el logro de Caro fue algo más que una rareza estadística. Según mis ratings Elo (un algoritmo muy distinto del que alimenta el ranking oficial de la WTA), llegó a lo más alto de la lista a finales de 2009. El Elo le reconoce 35 semanas como número uno: menos que el recuento oficial, pero suficiente para demostrar que lo suyo no fue casualidad. Nunca fue la jugadora más temida del circuito, pero probablemente sí fue la mejor durante unos dos tercios de temporada.
Durante toda su carrera, Wozniacki recibió el mismo consejo no solicitado de comentaristas, periodistas y aficionados: era demasiado pasiva; ¿no podía atacar más? ¿Aunque fuera un poco?
Llevó el tenis defensivo a otro nivel. El Match Charting Project ha registrado cada golpe de más de cien de sus partidos. Según el Rally Agression Score (una métrica que cuantifica con qué frecuencia una jugadora cierra los puntos, ya sea ganándolos o fallándolos), Wozniacki figura entre las cuatro jugadoras más pasivas de toda la base de datos:
| Jugadora | Agresividad en el peloteo |
|---|---|
| Sara Sorribes Tormo | -135 |
| Sara Errani | -96 |
| Arantxa Sánchez Vicario | -92 |
| Caroline Wozniacki | -88 |
| Monica Niculescu | -86 |
| Agnieszka Radwanska | -86 |
| Gabriela Sabatini | -83 |
| Chris Evert | -78 |
| Alizé Cornet | -76 |
| Yulia Putintseva | -75 |
Las tres jugadoras que aparecen como más pasivas que Caro son especialistas en tierra batida, mientras que Wozniacki se sentía más cómoda en pista dura. Es un estilo de juego que está desapareciendo rápidamente. Entre las figuras más recientes, la más pasiva es Elina Svitolina, con un -49, mientras que la media de la carrera de Simone Halep es de -34. Halep está más cerca del valor medio, situado en cero, que del nivel de pasividad de Wozniacki.
Pese a lo que decía la opinión más extendida, el carácter defensivo de Wozniacki no era un defecto: era parte esencial de su juego. Cuando por fin ganó su primer Grand Slam, en aquella batalla de tres horas del Open de Australia 2018, firmó 24 golpes ganadores y 24 errores no forzados, frente a los 38 y 45 de Halep. Índice de agresividad: -109. En la final del torneo de final de año de 2017, sumó 19 ganadores y solo 7 errores no forzados, por los 31 y 39 de Venus Williams. Índice de agresividad: -160.

Puede que esta derecha no acabara en ganador, pero tampoco fue un error no forzado. Crédito: Carine06.
A veces, la negativa de Wozniacki a variar su planteamiento rozaba el troleo. Era conocida por seguir un patrón muy concreto con sus primeros saques: abierto en el primer punto del juego, al centro en los dos siguientes y de nuevo abierto en el cuarto. Repetía esa secuencia más del 80% de las veces y, en algunos partidos, no se apartaba de ella ni una sola vez.
Una previsibilidad así suena a receta para el desastre. Si hubiera aparecido una década más tarde, frente a restadoras hiperagresivas como Jelena Ostapenko o Aryna Sabalenka, quizá habría sido su perdición. De hecho, Ostapenko le ganó las cuatro veces que se enfrentaron. Pero la mayor parte del tiempo parecía importar tan poco como su derecha discreta. Con 4-4 en el tercer set de la final del Open de Australia de 2018, se mantuvo fiel al plan: abierto, centro, centro, abierto contra Halep. Los dos saques al centro ni siquiera fueron especialmente ajustados a la línea. Incluso después de cometer doble falta con 40-15, consiguió sacar adelante el juego.
Cuando arrancó la temporada 2018, tres años después de correr la maratón de Nueva York, Wozniacki aún parecía afrontar los Grand Slams como si fueran también una carrera de fondo. Solo había llegado a la segunda semana en dos de sus once participaciones anteriores en grandes, y en su única semifinal de ese periodo había perdido con claridad ante Angelique Kerber.
Serena Williams se perdió el Open de Australia de 2018 por lesión, lo que dejó el cuadro muy abierto. Las casas de apuestas fijaron las cuotas con nada menos que seis cofavoritas: Wozniacki, Halep, Kerber, Svitolina, Karolína Plisková y Garbiñe Muguruza.
La final del Open de Australia de 2018
Caro era la segunda cabeza de serie, pero la presión había bajado. Cuando tuvo que afrontar dos bolas de partido ante Jana Fett, número 119 del mundo, en segunda ronda, escapó de una de esas trampas que tantas veces la habían atormentado en los Grand Slams. El cuadro se fue abriendo y alcanzó la final sin enfrentarse a ninguna rival del top 20. El título se decidió en una batalla de desgaste, calurosa y húmeda, ante Halep, una defensora tan obstinada como ella. Caro fue previsible, pasiva y apenas un poco mejor. Se llevó el título por 7-6(2), 3-6 y 6-4.
Exactamente seis años después de perder el número ante Victoria Azarenka en 2012, lo recuperó. Ninguna mujer ha vuelto jamás a la cima del ranking tras un intervalo tan largo. Esta vez, ya no había dudas sobre si lo merecía. Para Caroline Wozniacki, campeona de Grand Slam y número uno del mundo, siempre había sido una maratón: una en la que ella misma decidió cuándo cruzar la meta.
Publicado originalmente en Heavy Topspin por Jeff Sackmann: [Leer el artículo en inglés]